miércoles 13 de mayo de 2009

¿Torá capitalista o socialista?. Judaísmo

. miércoles 13 de mayo de 2009

TORÁ CAPITALISTA O TORÁ SOCIALISTA
Extraído de "Revista Keter"
En economía existen dos grandes sistemas, el capitalista y el socialista con ideologías que los sustentan.


El capitalismo protege el derecho del individuo a su propiedad, cree en la iniciativa privada y estimula la competencia como la base necesaria para el éxito económico. En su extremo puro conduce al dominio y explotación de los débiles por los fuertes y más hábiles y a pesar de que los países capitalistas han aprendido a moderar su sistema, su egoísmo básico se mantiene.
El comunismo controla la propiedad y los medios de producción, considera que es la sociedad la responsable de proveer las necesidades de cada individuo y llevado a su extremo hasta los hijos son propiedad del estado administrador.
De manera menos dogmática, tratando de corregir la inequidad del capitalismo, el socialismo niega al individuo el derecho de adquirir y poseer. Desde el punto de vista de las posesiones físicas eso hace igual a todo el mundo y por lo tanto nadie puede ser explotado, ya que todo el mundo contribuye de acuerdo a sus habilidades y recibe según sus necesidades.

En la economía capitalista, todos trabajan y producen según su deseo, generándose a veces conflicto de intereses y duplicación, mientras que la economía socialista ideal es planificada de acuerdo al orden de prioridad de la sociedad y pensada para prevenir conflictos.
A simple vista y en teoría el socialismo se basa en la ética y la fraternidad, mientras que el capitalismo se fundamenta en el egoísmo y en la rivalidad.

Los dos sistemas en acción

Para obtener una visión real dejemos la teoría y atendamos a los resultados. Hace más de cien años fue creado en Rusia un “enorme laboratorio socialista” y desde entonces “laboratorios subsidiarios” han sido establecidos en otros países. Todos ellos fracasaron justamente en las dos áreas que el socialismo pretendía corregir, la ética y la eficiencia.
Cuando el gobierno de la ex Alemania Oriental construyó el muro de Berlín en 1961, su propósito era evitar que escapen sus propios ciudadanos y no el de impedir que los occidentales disfruten del “paraíso socialista”. La negación comunista de los derechos humanos se ha vuelto proverbial y respecto a la eficiencia económica, el mundo fue testigo de su derrumbe con el fracaso de la ex Unión Soviética.

Hay dos causas para la ineficiencia socialista.

1ª) Se necesita una enorme estructura que organice toda la economía de acuerdo a un plan general para luego ejecutar, supervisar y sostener.
Ello ocupa a la mayor parte de la población que no puede estar dedicada a producir, afecta la eficiencia económica y es el origen de la burocracia socialista que se convierte en un fin en si mismo y por la cual sufren todos.



El socialismo controla la producción, el mercado, la educación, la salud, la religión, la cultura y el entretenimiento, incluso la opinión de las personas y llega a tener carácter dictatorial.

2ª) La ineficiencia del socialismo es inherente a la naturaleza humana. El hombre por naturaleza es egoísta y aun cuando puede ser educado a no serlo, es una tarea de por vida la que eventualmente lo llevará al amor fraternal.


Un sistema económico debe tomar eso en cuenta ya que no se puede esperar que una persona se dedique a una misión pública con el mismo entusiasmo que lo haría para sí y para su familia. El socialismo al tornar toda actividad económica en una función publica, sufre de la falta de dedicación.
No solo se perjudica la eficiencia económica sino se fomentan el desinterés y la corrupción, (esta última también presente en el capitalismo), porque paradójicamente la sociedad asume las obligaciones y responsabilidades del individuo.
El socialismo olvida algo fundamental: son las acciones y los logros los que forjan al hombre.

El sistema capitalista puro se devora a sí mismo.
Necesita legislación y supervisión, pero en una escala mucho menor pero permanente, principalmente para proteger los derechos del individuo. Sin esas leyes puede llegar a ser un sistema salvaje ya que la evolución y los cambios se suceden con frecuencia, y las crisis afectan a las raíces mismas de la sociedad y de los derechos individuales.



El sistema propuesto por la Torá
En la Halajá –sistema legal judío- encontramos una aproximación ‘capitalista’.
Di-s como creador del universo y sus criaturas escogió ese sistema para el pueblo de Israel y la humanidad en general. La prohibición de robar, en protección del derecho de propiedad, es uno de los “Siete Preceptos de Noe o universales”, dados a toda la humanidad.
Al analizar con mayor profundidad se descubre que aun cuando la Torá adopta un sistema capitalista, niega el ideal de estimular la competencia a ultranza y por lo tanto elimina la influencia negativa del mismo.

Mientras el motor que mueve la economía capitalista es la competencia, el ideal de la economía de la Torá es el de amor al prójimo y en la medida que éste sea alcanzado, se corrigen los problemas del capitalismo.

El Judaísmo no prohíbe la competencia sólo la limita. No la ve como ideal y educa a la persona para que en forma constante la modere.
Toda la Torá y su sistema legal – la Halajá – apuntan a ese propósito. Di-s dio las mitzvot para refinar a Su mundo y al hombre. La Torá y sus preceptos no son más que eso: amor al prójimo.

Las mitzvot, nos conectan permanentemente con la santidad, y también forman parte del desarrollo de la persona en función propia y de beneficio al prójimo.
Existen mitzvot en las que esta intención es esencialmente evidente, son los “preceptos socialistas”, a través de los cuales la Torá limita el derecho del hombre a la propiedad en función de beneficiar al necesitado. Entre ellos se pueden mencionar los siguientes:

Prohibición de interés:
No existe nada inmoral en cobrar interés. Si se permite cobrar por alquilar una casa, ¿por que no puedo cobrar cuando “alquilo” mi propio dinero?
No hay nada malo en cobrar intereses, pero en la familia no se cobran, por eso Najmánides escribe: “El interés esta prohibido solo por razones de hermandad y bondad porque se ordena amar al prójimo como a sí mismo. Bondad y misericordia ejercerán con respecto a sus hermanos cuando le presten dinero sin intereses”. (Se refiere a quien pide prestado por necesidad personal, no para negocios).

Dar al necesitado:
Hay un precepto que ordena al agricultor dejar la cosecha de las esquinas de su campo, otro a no levantar lo caído y dejar lo olvidado en la cosecha. Tienen carácter socialista y no económico, porque desde lo económico su valor es mínimo e insignificante y no está determinado por la Torá.


“Tierra Sabática” – Jubileo: La Torá exige que todas las ventas de inmuebles y tierras (con excepción de las casas en las ciudades amuralladas) se realicen bajo la forma de “alquiler”, puesto que todas las propiedades regresan a su dueño original en el año de Iovel o Jubileo (cada 50 años), lo que recibe el nombre de “tierra sabática”.

Esto evita que en Israel se forme una minoría terrateniente y una mayoría que trabaje para ella como ha sucedido y sucede en otros países. No sorprende entonces que en Israel en ninguna época se haya vivido el feudalismo.

“Dinero sabático” Shmitá:
La Torá determina que se cancelen al final del séptimo año (año de shmitá) las deudas adquiridas previamente, lo que recibe el nombre de “dinero sabático”.


Estos son límites que la Torá impone sobre el derecho a la propiedad para beneficiar al necesitado.




Un solo Dueño

Todas estas mitzvot enseñan que se tiene el control de la propiedad, pero no como un derecho propio, sino en virtud de su verdadero Dueño: “Porque toda la tierra es Mía” (Vaikra 25:23) y “la plata es Mía y el oro es Mío” dice Di-s (Jagai 2:28).
La sabiduría Divina concibe estos preceptos para resolver problemas de fondo y no problemas sociales específicos. Enseña que realmente no somos propietarios, sino que hay un verdadero y único Dueño, y que la vida humana consiste en tener consideración hacia el prójimo, quien es a su vez nuestro socio en el servicio a Di-s.


A través del efecto que ejerce en nuestra conducta el cumplimiento de estas mitzvot se resuelven problemas sociales específicos y generales.


Se puede afirmar que el sistema económico escogido por la Torá es capitalista, pero su espíritu es socialista.