martes 2 de junio de 2009

Los tres juicios. Judaismo

. martes 2 de junio de 2009

Los cuentos jasídicos relatan historias acerca de proezas realizadas por tzadikim, maravillosas y verdaderas, de bendiciones que se cumplieron dramáticamente, o simplemente de las virtudes de los judíos. Muchas de esas historias hablan de Ahavat Israel -amor por otro judío-, y muchas pueden o no ser reales, pero eso es lo que menos importa.

Sin embargo, lo impactante de esta historia, además de ella misma… es que sucedió.




Fuente: Rabi Levi Itzjak of Berdichev Biography
Traducción y redacción Mordejai Jalusi

Rabi Levi Itzjak de Berdichev fue un líder jasídico posterior al Baal Shem Tov y era conocido como el defensor del pueblo de Israel, nunca encontraba algo en contra de ningún iehudí y abogaba por él frente al pueblo y ante Di-s y Su Corte Celestial. Él solía decir: "Si un judío siente dolor, por más que sea en el dedo más pequeño, siento ese dolor."
Permanentemente destacaba que uno nunca debe abrir un juicio duro sobre otro judío, y se esforzó en hacer conocer la historia de los tres juicios que debió presidir en Berdichev.


Ohel donde reposa Rabi Levi Itzjak de Berdichev

En Berdichev vivía un hombre rico, llamado Itzjak Borujovich, que tenía reputación de mísero y avaro. Nunca lo vieron contribuir con los proyectos de la comunidad y era imposible extraerle la menor donación. Por eso, cuando Borujovich murió, los dirigentes de la comunidad de Berdichev vieron la oportunidad de ejercer presión sobre su familia para que compensara todas sus faltas. Simplemente le dijeron a la familia que Borujovich no sería sepultado hasta que sus herederos aportaran a la comunidad una cuantiosa contribución de sus numerosos bienes.

De acuerdo con la Halajá, la demora en sepultar a una persona es una trasgresión muy grave. Una vez que el alma sale del cuerpo, éste debe retornar a la tierra con la mayor celeridad posible. La demora en la sepultura es considerada una profanación del fallecido, así como un sufrimiento para el alma.

Cuando Rabi Levi Itzjak se enteró de lo que habían hecho los dirigentes de la comunidad, ordenó que Itzjak Borujovich recibiera sepultura adecuada sin la menor demora. Más aún, quiso saber dónde tendría lugar el funeral, e indicó que deseaba acompañar a Borujovich y su familia hasta que el sepelio hubiera terminado.
Los dirigentes y la comunidad estaban azorados. La defensa de Borujovich por parte del Berdichever era de por sí misteriosa, pero su participación en el funeral hasta el final era totalmente incomprensible.
Aún en el caso de los miembros más respetados y meritorios de la comunidad, Rabi Levi Itzjak acompañaba el ataúd una corta distancia y luego regresaba rápidamente, para no descuidar sus estudios de Torá. Sin embargo, ¡precisamente para Borujovich, el rebe iba a dedicar todo su tiempo hasta el final del sepelio!

El rebe percibió la perplejidad de su comunidad, y al regresar del cementerio, convocó a los dirigentes a su estudio
Fue claro y directo: "Borujovich", dijo el rebe, "se presentó ante mí como litigante en tres juicios, y perdió los tres."


El Primer Juicio
Berdichev era el centro comercial de los numerosos pueblos y aldeas de la región. Como viajar en esos días era incómodo y cualquier distancia resultaba ser larga, los comerciantes de las comunidades más pequeñas designaban un representante para que hiciera todas sus compras. Le daban el dinero, y éste les traía la mercadería encargada de Berdichev. Cierta vez, un agente de compras, al cerrar una transacción en el mercado, descubrió de repente que había extraviado el cinturón donde llevaba el dinero.
El comprobar que había perdido una suma tan cuantiosa de la cual era personalmente responsable y que nunca podría devolver, fue más de lo que pudo soportar, y se desvaneció. Tan pronto recobraba el sentido y tomaba conciencia de su desgracia, emitía un grito, se descomponía y se volvía a desmayar.
Borujovich, que pasaba por allí camino al shil, vio la multitud que se había congregado, y su curiosidad lo llevó a preguntar qué sucedía. Al enterarse, se abrió paso entre la gente y en cuanto el hombre volvió a recuperar los sentidos, le gritó: "¡No te preocupes amigo mío, he encontrado tu cinturón con el dinero, ya está seguro!" Al escuchar esto el hombre revivió. La palidez de su rostro cedió a medida que la buena noticia le invadía el cuerpo, se recuperó y se sentó. "Ahora, escucha", dijo Borujovich, "he encontrado un cinturón con dinero, y muy posiblemente sea el que has perdido. Pero evidentemente, debes darme información suficiente para que sepa que se lo estoy devolviendo al verdadero dueño."
El hombre describió el estilo y el color de su cinturón. "… Hmmm… sí", dijo Borujovich. "Pero ese es un tipo muy corriente de cinturón para llevar dinero, y muchos comerciantes lo tienen.
¿Puedes darme especificaciones más precisas, por ejemplo cuánto dinero contenía y en qué denominaciones?"

Sin demora, el hombre detalló el número exacto de billetes de cien, de cincuenta y hasta las monedas que tenía.
Luego Borujovich dijo: "Ahora tengo que ir al shil, pero puedes preguntarle a cualquiera de los habitantes del pueblo sobre mi honradez. Regresaré del shil en aproximadamente una hora, y entonces puedes venir a mi casa.
He declarado frente a toda esta gente que encontré un cinturón tal como el que describes, y ellos pueden servir de testigos, de modo que no debes preocuparte de que lo niegue. Si el contenido del cinturón coincide con las cantidades que has enumerado, te lo devolveré gustosamente."



Itzjak Borujovich hizo como si fuera al shil, pero se desvió hacia una calle lateral y entró en un negocio donde compró un cinturón para llevar dinero tal como el que había descrito el hombre. Luego fue a su casa y lo llenó con el número de billetes y monedas en las distintas denominaciones que el hombre había enumerado. Cuando el hombre fue a su casa, Borujovich le informó que el dinero que había en el cinturón coincidía con su relato, y gustosamente se lo entregó. El hombre estaba tan eufórico por haberse salvado del desastre más absoluto que no se dio cuenta de que ese cinturón era flamante, en tanto que el suyo estaba muy gastado.
La noticia del incidente se dispersó por Berdichev, y la persona que en realidad había encontrado y guardado el cinturón con el dinero sintió remordimiento.
¿Cómo podía guardar ese dinero injustamente cuando su pérdida había llevado a otra persona a la desesperación? ¿Y cómo podía hacerlo cuando un perfecto extraño había aportado una suma tan grande de su propio dinero para salvar a ese hombre de la ruina y el endeudamiento definitivo?
Este pensamiento no le daba un instante de paz, de modo que finalmente tomó el cinturón con el dinero, y tras ubicar al dueño, confesó que inicialmente no había resistido la tentación de enriquecerse y entonces le devolvió el cinturón.

El agente de compras, que había dado el cinturón en custodia a Rabi Levi Itzjak de Berdichev, se dio cuenta enseguida de que éste era su viejo cinturón, y de que el cinturón de Borujovich no era el suyo. Agradeció y perdonó a quien había encontrado y devuelto el cinturón, y sin dudar ni perder tiempo, se dirigió a la casa de Borujovich para avisarle que le devolvería ya mismo su dinero, que estaba en poder del rebe.
Sin embargo, Itzjak Borujovich se negó a aceptar el dinero, y sugirió que devolviera el viejo cinturón a quien lo había encontrado. "Di-s me dio la oportunidad de hacer una mitzvá y no la perderé”, dijo. También la persona que había encontrado el dinero, se mostró igualmente inflexible en su actitud de no aceptar el dinero de vuelta, tras su debilidad inicial en ceder a la tentación. No quería hacerse rico sin merecerlo, y rechazó el dinero, convinieron entonces en someterse a la decisión del Rabi Levi Itzjak. Tras escuchar el relato completo, el Berdichever falló en contra de Borujovich, sentenciando que éste debía aceptar que se le devolviera el dinero. “Sin embargo”, señaló el rebe: “la mitzvá de devolver un objeto perdido corresponde a Borujovich y no a quien lo ha encontrado.”

“Así pues, Borujovich perdió este juicio”, dijo el rebe ante las caras sorprendidas de sus oyentes, quienes siguieron escuchando…

El Segundo Juicio
Uno de los comerciantes ricos de Berdichev había sufrido un severo revés en su fortuna y había perdido todos sus bienes. Durante varios meses estuvo deprimido y se sentía inmóvil e incapacitado para hacer cualquier negocio. Finalmente, reunió suficiente coraje para volver a tentar suerte, sin embargo, no tenía capital para iniciar ningún nuevo emprendimiento.
El comerciante se puso en contacto con Itzjak Borujovich y le pidió un préstamo. "Sé que eres una persona recta y honrada pero no esperarás que te preste semejante suma sin un garante ", fue la respuesta que recibió. “Tengo un garante”, contestó el comerciante.
"Bien", dijo Borujovich, "prepararé el pagaré y, en cuanto lo firme el garante, te daré el dinero."
"No puedo obtener la firma de mi garante,… sabes, Di-s es mi garante, estoy seguro de que no me fallará.”
Borujovich se sintió sorprendido, tras vacilar un momento, dijo: "Bien, acepto tu garante. Aquí está tu préstamo, que deberás restituirme al cabo de un año."

Durante el año siguiente, los negocios del hombre fueron bendecidos por el éxito. El día del vencimiento del préstamo, el hombre se encontraba por sus obligaciones fuera de Berdichev, sabiendo que algunos días más tarde iría a ver a Borujovich con el pago completo, y así lo hizo.

Borujovich meneó la cabeza a la vez que decía “… No… no puedo aceptar tu dinero. Verás, tu garante ya me ha pagado, y no puedo aceptar que se me pague dos veces.”
"No comprendo", dijo el comerciante.
La respuesta que escuchó fue la siguiente: "Estaba negociando la compra de un gran lote de madera, se trataba de una transacción muy provechosa para mí, pero la perdí porque se presentó otro comprador que ofreció mejores condiciones que yo.
Ya me había olvidado por completo de la cuestión, y el día que vencía tu pagaré se me informó de que mi competidor se había arrepentido repentina e inexplicablemente de la transacción y que yo podía cerrar el trato. Te imaginarás, no cabía en mí de alegría.

Cuando calculé mi ganancia en la operación, vi que equivalía exactamente a la suma que te había prestado. Evidentemente, no podía tratarse de una coincidencia, fue hashgajá pratit, Di-s maneja el mundo, ¿no es así?
No dudé ni un segundo en llegar a la conclusión de que tu garante había decidido cancelar tu deuda. No puedo aceptar que se me pague dos veces", dijo Borujovich.


El comerciante protestó: "Mira, he tenido berajá en mis negocios este año, estoy y estaré eternamente agradecido por tu bondad en darme el préstamo, pero ahora que me va bien no quiero beneficiarme con tzedaká que decididamente no necesito. Debes aceptar mi pago."

Al no llegar a un acuerdo, ambos coincidieron en acatar la decisión del rebe Levi Itzjak.

El Berdichever escuchó ambos argumentos y falló en contra de Borujovich, dictaminando que éste debía aceptar el pago del comerciante. "No obstante", dijo el rebe, "Borujovich mantiene el mérito de la mitzvá como si hubiera donado el dinero en tzedaká."




“Es así como Itzjak Borujovich perdió el segundo juicio”, volvió a decir Rabi Levi Itzjak, mirando a sus oyentes a los ojos…


El Tercer Juicio
En Berdichev vivía un hombre que apenas podía mantener a su familia.
Tenía esperanzas y quería darles lo mejor. Una y otra vez le decía a su mujer, que si pudiese pasar un año en la ciudad de Leipzig, que era un gran centro comercial, indudablemente tendría éxito en los negocios, lo cual le permitiría ahorrar suficiente dinero como para establecerse allá junto con su familia, y podrían vivir holgadamente.

La mujer no soportaba oírlo hablar así. "¿No alcanza con tener este duro pasar?
Sabes que viajar largas distancias es peligroso y el riesgo es muy grande. Conoces la Halajá: si un esposo desaparece y no es encontrado, aunque sea por muchos años, no puede ser declarado legalmente muerto, y a menos que haya una prueba concluyente, su mujer no puede volver a contraer matrimonio
¿Qué pasa si cuando te vas a tierras lejanas, Di-s no lo permita, te sucede algo?
¿Entonces los niños y yo estaríamos condenados para siempre a vivir como viuda y huérfanos? Además… ¿de qué viviríamos si te vas? ¿He de ir de puerta en puerta pidiendo limosna?"


Un día, el hombre llegó a su casa con buenas noticias. "¡He sido contratado por Borujovich para representar sus intereses en Leipzig!", dijo animado. "Me pagará bien. Todos los viernes debes presentarte en su oficina para recibir mi salario hasta que regrese. Pero debo irme de inmediato, pues tiene varios negocios importantes pendientes allí en este momento."
La mujer, con la tranquilidad de que su familia tendría el sustento asegurado, ayudó a su marido a preparar su equipaje, y al poco tiempo, éste se encontraba camino a Leipzig.



El primer viernes, la mujer se dirigió a la oficina de Borujovich tal como le había indicado su marido, y dijo al cajero que venía a cobrar el sueldo de su esposo. El cajero la miró perplejo y le dijo: "No tenemos a nadie con ese nombre en nuestra nómina."

La mujer, un poco intranquila, explicó al cajero que su marido había sido contratado por Borujovich esa semana para representar sus intereses en Leipzig. El cajero volvió a leer la nómina, y volvió a decirle a la mujer que debía de estar equivocada, pues el nombre de su marido no figuraba en la nómina de pagos.
La mujer se dio cuenta de repente que su marido la había engañado, y que había inventado la historia para que ella consintiera su partida. Sus peores temores se habían confirmado, estaba sola y en la miseria. Lágrimas silenciosas comenzaron a caer de sus ojos y luego el llanto la desbordó a viva voz.

Borujovich se encontraba trabajando en su oficina, escuchó el llanto y fue a ver qué ocurría. El cajero le explicó entonces que la mujer había sido engañada por su esposo quien, para persuadirla de que le permitiera ir a Leipzig había inventado la historia de que Borujovich lo había contratado, y que ella cobraría su sueldo cada viernes.
"¡Oi veii!", exclamó Borujovich. "¡Me olvidé por completo de avisarte!", le dijo al cajero en un tono que la mujer pudiera escuchar desde donde estaba.
Entonces se acercó a la mujer y le dijo: "Tu esposo te dijo la verdad. Mi agente en Leipzig acaba de morir, y a principios de esta semana me encontré con tu marido, y tras discutirlo brevemente, lo contraté para ir a suplantarlo allá. Pero estuve tan ocupado que olvidé indicarle al cajero que lo incluyera en la nómina de pagos. Sí, es verdad, debes pasar a cobrar todos los viernes, por favor disculpa la angustia que te hice pasar."


Pasó más de un año, durante el cual el esposo tuvo éxito en sus transacciones en Leipzig y regresó a Berdichev con suficientes fondos como para establecer su propio negocio. Sabía que sería recibido con las maldiciones de la esposa a quien había engañado y abandonado. Y sabía que era casi seguro que encontraría a su familia en la miseria, viviendo de la caridad. No obstante, esperaba que finalmente le perdonara su engaño pues ahora estaba en condiciones de mantenerlos cómodamente, algo que nunca habría logrado de no haber ido a Leipzig.
Es de imaginar su asombro cuando su esposa e hijos, bien vestidos y bien alimentados, le dieron una cálida bienvenida. Al rato, el hombre preguntó cautelosamente y con el temor que sólo un marido siente por su esposa, cómo habían podido arreglarse tan bien en su ausencia. Su mujer pareció sorprenderse ante su pregunta, le dijo que había seguido sus instrucciones y había recibido el pago semanal de Borujovich.

El esposo calculó cuánto había recibido su mujer, y al día siguiente fue a ver a Borujovich para devolverle el dinero. Le explicó que aunque lamentaba haber mentido a su mujer, esa había sido la única forma de poder ir a Leipzig donde sabía que tenía posibilidades de prosperar, tal como en realidad había sucedido. Estaba profundamente agradecido a Borujovich por el noble gesto de haber ayudado a mantener a su familia. No obstante, ahora tenía suficiente dinero y no quería que su familia recibiese caridad, por lo tanto, quería devolverle ya mismo la cantidad de dinero que Borujovich le había dado a su esposa e hijos, y quería hacerlo con infinita gratitud.
Itzjak Borujovich otra vez se negó a aceptar el dinero. "Cumplí con la mitzvá de proveer de sustento tanto material como espiritual a toda una familia.
No venderé esta mitzvá por dinero." Ambos se mostraron inflexibles en sus respectivas posiciones, y convinieron en que acatarían la decisión del rebe.


Rabi Levi Itzjak de Berdichev por tercera vez en su vida escuchó argumentos similares a los que había escuchado con uno de los mismos protagonistas, a la vez que trataba de medir la grandeza de ese hombre sobre el que fallaría en contra otra vez.
Su sentencia fue: “Reb Itzjak Borujovich debe aceptar la devolución del dinero del esposo. No obstante, retiene la totalidad de la mitzvá, y se considera cumplida totalmente por su cuenta."




Rompiendo el silencio prolongado que siguió al final de sus palabras dijo el Berdichever: “Este fue el tercer juicio que Itzjak Borujovich perdió ante mi y ganó en el Tribunal Celestial”.
Luego continuó: "Ustedes conocieron un Borujovich; yo conocí otro aspecto del hombre.
Todo aquel que haya perdido tres juicios como éstos, no merece el insulto de que su entierro sufra demoras".